Posmodernidad y redes sociales, ¿el ser humano se aparta de su realidad?



        La posmodernidad es una condición social que se origina a partir de la segunda mitad del siglo XX, y que se consolida en la sociedad a finales de este mismo siglo en contraposición al sistema conservador/absolutista característico de años anteriores. No es un período histórico como tal, ya que forma parte de la Edad Moderna, pero, "marca la llegada definitiva de una sensibilidad nueva" (Watson, 2005, p. 931).

        Esta nueva sensibilidad hace que la persona se involucre en un mar de incertidumbres y problemas sociales, sicológicos y culturales que, en la mayoría de los casos, le impiden conocer la objetividad de las cosas debido a que esta, genera en su mente, un conjunto de ideas distintas a lo que experimenta a diario. Del mismo modo, con el surgimiento de las redes sociales, el individuo posmoderno se encuentra constantemente en la tarea de llegar a conocer la realidad que lo rodea, misma de la que hace parte. En este enfoque, las redes sociales aparecen en el contexto del desarrollo de las TIC; internet, tecnología 3G, medios publicitarios, entre otros, que a finales del siglo XX empiezan a bosquejar los inicios del nuevo siglo, dando cabida a un fenómeno generacional que le permitirá, al ser humano, comunicarse de manera más eficiente y económica con las personas que hacen parte de su círculo social o bien, con aquellas que representan una conexión íntima o afectiva en su vida. De modo que, la distancia ya no seguirá siendo concebida como un obstáculo para crear/mantener estos vínculos de cercanía.

        Con el perfeccionamiento y surgimiento de nuevas plataformas, esta afectación social se ha convertido en una nueva expresión de la existencia humana; llegando incluso a denominarse como una “realidad virtual.”. Juan Soto Ivars lo denomina: "concepto de «posverdad», una vuelta de tuerca del relativismo que se había acentuado con la internet" (2017, p. 8). A su vez, vemos cómo las personas han asumido e interiorizado esta concepción relativista de la vida, que incluso han llegado a ignorar por completo lo que sucede a su alrededor, lo cual es contrario a la “social media”, que ayuda al ser humano a desenvolverse en un mundo cada vez más globalizado y en constante cambio que, al mismo tiempo, demanda una mayor capacidad de actualización personal/individual y socio grupal.

        Ambos factores cumplen un rol fundamental dentro del ámbito social, ya que han sido de carácter expansionista y han envuelto al mundo en una serie de disyuntivas sobre, si está bien o no, ser parte de este cambio mediático. En estos procesos no se ha hecho distinción de etnias, culturas, géneros, religiones, edades e incluso clases sociales, porque estas, se han impregnado abruptamente en la vida de todos los seres humanos sin excepción alguna. "Algunos consideran que la «globalización» es indispensable para la felicidad; otros, que es la causa de la infelicidad" (Bauman, 1998, p. 5). Aquellos que defienden la indispensabilidad de estos fenómenos, son los que han encontrado en la internet una nueva forma de comprender la realidad, y al mismo tiempo han logrado conectarse con mayor eficacia con sus relaciones sociales. Por su parte, los que consideran que es “causa de la infelicidad” son aquellos que se han visto afectados por algún tipo de fraude cibernético o bien, porque sienten que la interacción y comunicación personal en estas plataformas es meramente superficial.

        Algunas personas afirman, que las desventajas de la llamada “sociedad de dispositivos inteligentes”, aunque no superan cuantitativamente a los beneficios de estas, generan un cierto sentir de inutilidad, ya que, al estar en un colectivo, donde un dispositivo es capaz de resolver un sinnúmero de problemas de cualquier índole, deja en segundo plano el actuar humano. Pero al mismo tiempo, debemos esclarecer que estas contrariedades personales no afectan a la sociedad en su conjunto ya que, en primer lugar, no discurren en ninguna ley estipulada por la constitución, o bien porque afirman que no afecta a la tendencia posmoderna del comportamiento de las personas. En este plano, podemos afirmar que: "en este proceso, las ciudades han crecido en densidad y extensión (…) No son solo el espacio construido para el intercambio comercial de objetos, servicios y conocimientos" (Wacquant, et al., 2015, p. 5), es decir, se separa las tendencias sociales de las personales y se toma en cuenta a las personas como una colectividad que forma y hace parte de un todo, sin preocuparse de cada persona como individuos concretos.

        Sin embargo, la sociedad se encuentra sumergida en este relativismo existencial, que de diversas maneras dinamiza el comportamiento de estas, llegando a justificar este hecho como un constructo subjetivo que no toma en cuenta un bien común o a intereses colectivos, sino que pondera sus propias conveniencias. Esto se convierte en un inconveniente ya que, como afirma John Stuart Mill: "Los actos de un individuo pueden ser perjudiciales a los demás, o no tomar en consideración suficiente su bienestar, sin llegar hasta la violación de sus derechos constituidos" (1859, p. 88); es decir, debido al comportamiento individualista de este mismo, aunque no afecte las leyes impuestas por el estado; con sus actos egoístas, puede llegar a afectar el bienestar de las personas que lo rodean. De esta manera, un joven que constantemente se encuentra encerrado en su habitación invirtiendo mayor parte de su tiempo en la internet, podría terminar comportándose apático con sus padres o con las personas que convivan con él.

        La invasión de las redes sociales y de la tecnología en sí, no solo ha tenido un impacto en la sociedad como conjunto sino, en el pensamiento de los individuos que tienen que enfrentarse constantemente a un universo que creen que lo pueden controlar, pero que en realidad lo desconocen en gran medida al igual que su propio funcionamiento. Todos, sin distinción, nos vemos inmiscuidos en esta ola informática; motivo por el cual Zygmunt Bauman afirma que: "en un planeta atravesado en todas direcciones por «autopistas de la información», nada de lo que ocurra en alguna parte puede, al menos potencialmente, permanecer en un «afuera» intelectual" (2017, p. 13); es decir que, no sólo tenemos la obligación de, al menos, intentar conocer el terreno de estas arenas movedizas en las que nos encontramos cuando navegamos por en la web, sino que, debemos lidiar con la interacción que tenemos en ella y lo que produce en nuestra psiquis; que muchas veces se encuentra afectada por la cantidad de información que llega a nuestro cerebro y que podría tornarse imposible de controlar de manera consciente.

        Empero, algunos analíticos creen que la información que se proporciona en la web es necesaria en un mundo tan cambiante y precipitado. Muchos de ellos consideran que es una alternativa viable para que las personas podamos interactuar con nuestros contemporáneos y entablar nuevas formas de amistad que, en años anteriores, serían imposible de establecer. Otros afirman que, gracias a estas nuevas formas de comunicación, el cerebro de las personas encuentra un descanso, porque lo entretienen de la realidad, y lo transportan a una dimensión surreal, que no necesariamente existe, pero que genera en el individuo un efecto placentero. Por ejemplo, Sophie Mevisse, al referirse a los sitios web que permiten encontrar pareja afirma que: "tu primera etapa consiste en analizar lo que realmente deseas encontrar en esta nueva aventura" (2017, p. 6); es decir que se le da la posibilidad al individuo de indagar y encontrar la felicidad con alguien completamente desconocido, pero, de llegar a compaginar, podría convertirse en su nueva pareja afectiva.

        No obstante, es imprescindible dar una segunda opinión acerca de estos análisis, porque si bien es cierto, el ser humano es capaz de encontrar una nueva forma de diversión y de complacencia en la red, sin que esto le conlleve a ser cada vez más parecido a los animales en función de sociabilidad y existencia, o en su defecto, desarrollar una vida extremadamente sedentaria y codependiente que lo lleve a actuar según la necesidad de pretender ser parte de un conjunto común, y de abarcar con la mayor parte de las tareas posibles. No cabe duda de que esto lo conducirá a estar en un estado de alerta constante para no perder de vista aquello que ahora figura como una prioridad en su vida. En relación a esto Byung-Chul Han dice que: "No solamente el multitasking, sino también actividades como los juegos de ordenadores suscitan una amplia pero superficial atención, parecida al estado de la vigilancia de un animal salvaje." (2010, p. 14);

        De cierta vemos que, no solo las redes sociales generan una atención superficial de las prioridades humanas sino la inclinación por realidades virtuales “disfrazadas” de videojuegos que, a pesar de ser entretenidos y promover las conexiones cerebrales, también pueden llegar a someter la condición humana en un estado placentero y de automatismo vital, mientras impide que el individuo interiorice sus actividades personales al mismo tiempo en que es convertido en una máquina programada para producir y buscar constantemente el placer de disfrutar de ese estado.

        Visto que, la posmodernidad y la globalización son fenómenos sociales que afectan directamente, tanto a la sociedad como al individuo en concreto, vemos que también perturban a la cultura de las sociedades, debido a una alta capacidad de comunicación. Dando como resultado que, la información sobre las tradiciones culturales, específicas de cada región, se conviertan en temas de auge y de conocimiento general. Esto, según algunos críticos, es un nuevo paso en la historia de la humanidad debido a que, al existir mayor facilidad de comunicación y mejor cercanía con los pueblos que antes se consideraban impenetrables, de modo que, para un latinoamericano sea, un poco más fácil, entender a un europeo y viceversa.

        Cuando ambos se dan cuenta que forman parte de la misma raza humana y que sus costumbres pueden llegar a compaginar. "Gracias a la facilidad de comunicación, las personas llegan a entender que: “uno puede descubrir a los otros en uno mismo." (Todorov, 2007, p.5).

        A pesar de esto, hay también críticos que creen que este proceso posmoderno que se vive en la actualidad es un detonante para promover una falsa identidad cultural en los individuos porque, al tener el alcance de relacionarse con más culturas y personas distintas, tienden a tener una idea amplia de conocimiento sobre estas. Respecto a esta hipótesis, también evidenciamos que los internautas son, en su gran mayoría, adolescentes que aún no han llegado a la madurez, y que considera el hecho de imitar costumbres, modas y estereotipos, con el fin de ser aceptado y no sentirse discriminado.

        Por su parte, gran parte de los jóvenes ya no se identifican como lo que realmente son, sino como lo que “quieren” ser. Esto se convierte en un problema cuando el individuo se confronta con su propia realidad y descubre que, lo que vive, es completamente distinto a lo que él se imaginaba. También es importante abordar la idea de que este tipo de inclinaciones son principales originarios de sentimientos de depresión, al mismo tiempo que de diversas enfermedades mentales que en el peor de los casos, llevará al individuo al suicidio.

        En conclusión, la posmodernidad y las redes sociales pueden alienar de la realidad a los individuos que no tengan control sobre estas mismas; ya que, pueden considerarse como una droga sociablemente aceptada. De modo que, estás dinámicas afectan directamente a la sociedad, a la sicología de los individuos y a la cultura que poseen estos mismos. Aunque muchos afirmen que los estragos de la posmodernidad son casi nulos en la mente de las personas, esta misma es uno de los mayores detonantes del aumento de enfermedades mentales que pondrán en riesgo la seguridad y estabilidad de la sociedad.

        De esta misma manera, si el ser humano no es capaz de enfrentar esta realidad de la forma más objetiva posible o si no se desprende parcialmente de estos falsos escenarios, la internet se convertirá, poco a poco, en una especie de placebo sociablemente aceptado, que provocará serias consecuencias en relación con el comportamiento del individuo en la realidad circundante y de la que poco a poco perderá noción, provocando, de esta manera, un retroceso evolutivo en la historia de la humanidad.



        Referencias:

        Bauman, Z. (1998). La globalización. Consecuencias humanas. Diegoan.

        Bauman, Z. (2017). Tiempos Líquidos. Tusquets Editores, S.A.

        Han, B. (2010). La sociedad del cansancio. Turolero.

        Mevisse, S. (2017). Conoce a la gente por internet. Titivillus.

        Mill, J. (1859). Sobre la Libertad. Aguilar.

        Soto, J. (2017). Arden las redes. Titivillus.

        Todorov, T. (2007). La conquista de América. Siglo veintiuno editores.

        Wacquant, L. et al. (2015). El mercado contra la ciudad. Sobre globalización, gentrificación y políticas urbanas. Primo.

        Watson, P. (2005). Ideas: Historia Intelectual de la Humanidad. Titivillus.

 

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